La Portada

Consiste en una imagen de los arcos románicos de un claustro de un monasterio. En la esquina inferior derecha aparece la flor del almendro que figura la estación de primavera. A lo largo de los siglos se ha comparado a Dios con este árbol por ser el primero que florece, que despierta a la primavera. Así mismo lo canta uno de los himnos de la Liturgia de las Horas: “Dios como un almendro con la flor despierta (…)”. De igual modo, este árbol alude al despertar de la conciencia en el ser humano, vendría a ser como un loto pero en la cultura occidental. Ese nuevo florecer, un despertar que se hace necesario y del que hay constancia en la portada del libro. De algún modo en dicha portada hay ya una invitación al sentido del libro, hay una puerta por la que podemos captar la finalidad que subyace a los textos mismos.